19 de octubre de 2017

Las cuentas que pide Dios


Lc 11,47-54

En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido’”. 


COMENTARIO

Jesús que, por ser Dios mismo hecho hombre, conocía toda la historia del pueblo elegido, sabía que había cosas que no gustaba escuchar por parte de muchas personas de tal pueblo. Y hablar de los profetas que había muerto no era un tema predilecto.

Sabe Cristo que los que a le persiguen a Él hicieron lo mismo con otros profetas que Dios suscitó de entre los suyos. Aquellos que quiso el Creador que fueran su voz, transmitían la voluntad del Todopoderoso. La misma no concordaba, muchas veces, con la de los hombres.

Pero lo que más terrible le parece a Jesús es que aquellos que deberían mantener la Ley de Dios no sólo la estén tergiversando en su propio interés sino que, además, hagan todo lo posible para que no se abran los ojos de los ciegos en espíritu. Eso no puede consentirlo el Hijo de Dios. De ahí su terrible juicio.


JESÚS, ayúdanos a tener por verdadera la Palabra de Dios y a ponerla por obra. 

Eleuterio Fernández Guzmán

18 de octubre de 2017

Mies y lobos

Lc 10,1-9

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’’”.


COMENTARIO

Mies y trabajadores

Jesús sabe que transmitir la Palabra de Dios supone que haya personas dispuestas a hacer tal cosa. Por eso pide a sus discípulos que pidan al Creador, en oración, que suscite, de entre ellos, a los que vayan a cumplir tal misión.

Lobos y ovejas

Sabe, de todas formas, Cristo, que allí donde van a ir aquellos enviados habrá muchas personas que no acepten el mensaje que llevan. Pero ellos, sus enviados, deben comportarse con total sometimiento a la Providencia de Dios.

Libertad de espíritu

Sin embargo, el Hijo de Dios, que sabe que el ser humano es libre para aceptar, o no, su mensaje, no les dice a sus enviados que obliguen a aceptar la Buena Noticia. Ellos harán lo que buenamente Dios quiera que hagan.


JESÚS, ayúdanos a ser trabajadores de la mies del Señor y a serlo en el ámbito en el que nos movemos, estamos y existimos.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de octubre de 2017

Lo que es, verdaderamente, importante

Lc 11, 37-41

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.


COMENTARIO

Aunque fuera por conocer a una persona famosa, había muchas otras que querían ver a Jesús. Seguramente por curiosidad. El caso es que aquel fariseo estaría muy contento viendo que Jesús se sentaba a su mesa. El resultado, sin embargo, no debió agradarle tanto.

Seguir los ritos era muy importante para el pueblo judío. Pero algunos llevaban la cosa a tal extremo que olvidaban lo más importante. Y Jesús no puede, ¡qué menos!, que hacerles notar lo que, verdaderamente, importa.

¿De qué vale tener un exterior impoluto si el interior está podrido? Esta pregunta se la echa en cara Jesús a quien le había invitado a comer. No se da cuenta, al parecer, que el interior, el corazón, de donde salen las obras, es lo que más limpio tiene que estar. Pero ellos, aquellos fariseos, no tenían nada claro lo que debían tener en cuenta.





JESÚS, ayúdanos a mantener un corazón limpio y lleno de la Palabra de Dios y de su Espíritu.

Eleuterio Fernández Guzmán 

16 de octubre de 2017

Para nosotros no son necesarias señales

Lc 11, 29-32


“29 Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. 30 Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación.
31 La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. 32 Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.’”


COMENTARIO

El pueblo judío era muy dado a necesitar señales. Al parecer, no creían nada de lo que se les decía si no venía acompañado de alguna señal. Y eso es, según deducimos de las palabras de Jesús, lo que querían de aquel Maestro: que les diese una señal de que era el Mesías.

Seguramente, humanamente hablando, el Hijo de Dios no entendía lo que pasaba con aquellos que le escuchaban. Y es que había hecho mucho bien entre ellos. Pero ellos le piden, además, una señal. Seguro que a más de uno de sus discípulos les hubiera gustado pedir que cayera fuego del cielo…

El Hijo de Dios sabe que Él es el Mesías y que, como Jonás estuvo tres días en el estómago de una ballena, también Él iba a estar tres días muerto hasta que resucitara. Entonces muchos iban a comprender aunque, seguramente, sería demasiado tarde.


JESÚS,  ayúdanos a entenderte; ayúdanos a aceptar la voluntad de tu Padre Dios Todopoderoso.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de octubre de 2017

Saber estar preparados

– Saber estar preparados


Mt 22, 1-14

“1 Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: 2 ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. 3 Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. 4 Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda.’ 5 Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; 6 y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. 7 Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. 8 Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. 9 Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.’ 10 Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. 11 ‘Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, 12 le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’ Él se quedó callado. 13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.’ 14 Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.’”

COMENTARIO

“Habló en parábolas”. El texto bíblico nos dice la forma en la que el Hijo de Dios solía enseñar. Era la forma, común entre su pueblo, de transmitir la buena doctrina de Dios a los que le querían escuchar. Y lo que les iba a decir era más que importante.

Ciertamente, Dios llama a sus hijos cuando cree que debe llamarlos. Pero es que la imagen de la boda, del banquete, era la apropiada para mostrar cómo era el Cielo. Y Dios llama pero, a veces, no aceptamos tal llamada por cualquiera excusa. Y eso no puede gustar a Dios Padre Todopoderoso.

Hay, sin embargo, un peligro añadido a ser llamado. Y es que sí, que muchas veces aceptamos la llamada, no negamos la misma, pero, a la hora de la verdad, no cumplimos como nos corresponde cumplir. Y eso tampoco puede gustar a Dios.
JESÚS,  ayúdanos a cumplir con tu santa voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán


14 de octubre de 2017

Quien es dichoso

Lc 11, 27-28

“27 Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: 'Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron'. 28 Pero él dijo: 'Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan'”.


COMENTARIO

Podemos imaginar al Hijo de Dios predicando por aquellas tierras que eran las suyas por haber nacido muy cerca de allí e, incluso, en el mismo pueblo donde había vivido hasta que dio comienzo su vida pública. Que iría mucha gente a escucharle era de esperar porque había adquirido justa fama de ser un Maestro que enseñaba con autoridad. Y, entonces, tampoco nos extraña que hubiera quien se diera cuenta, en efecto, de que Jesús, el hijo de María y de José, era una persona a la que había que tener en cuenta.

De todas formas, entonces alguien sube la voz. Y la sube porque allí habría gran cantidad de personas que podía estar comentando lo que decía el Maestro. Y la sube, además, porque quiere que se escuche lo que va a decir. Y no es nada raro ni nada por estilo. No va a poner en entredicho al Hijo de Dios sino que quiere alabar a su Madre.

Sin embargo, Jesús sabe que hay algo que es, incluso, más importante que aquello que se dice de quien lo trajo al mundo. Y no quiere decir, con lo que responde a quien eso dice, que haga de menos a su madre. Es, justo, al contrario, porque al decir que son dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la guardan, bien sabe el hijo de María que su Madre ha hecho eso desde siempre. Por eso la alaba y la llama dichosa.

JESÚS,  ayúdanos a ser dichosos como lo era tu Madre.


Eleuterio Fernández Guzmán


13 de octubre de 2017

Estar con Cristo


Lc 11,15-26

“En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘«Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

‘Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio’”.


COMENTARIO

No es posible negar que había muchos, de los que perseguían a Jesús, que esperaban cualquier momento para zaherirlo y para ponerle las cosas difíciles. Al menos, eso era lo que creían ellos cuando lo acusa de estar con los demonios.

El Hijo de sabe que ellos, los que no lo quieren bien, tienen muy a bien que haya un enviado de parte de Dios. Y es que tal era la promesa del Todopoderoso para cuando llegara la culminación de los tiempos. Pero ellos no acaban de entender nada de lo que les dice.

Con toda claridad lo proclama Jesucristo: hay que estar con Él o contra Él. Es más, quien crea que no siguiéndole va a hacer algo bueno… está completamente equivocado.




JESÚS,  ayúdanos a estar siempre contigo.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2017

Guardar la Palabra de Dios y no olvidarla

Lc 11, 27-28

27 Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: 'Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron'. 28 Pero él dijo: 'Dichos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan'”.


COMENTARIO

Jesús enseñaba siempre que podía y, por tanto, no es nada extraño que este pasaje recoja un momento, de los mucho que tuvo que haber, en el que hablaba a los que querían escucharlo.

Alguien alaba a la Virgen María. Tampoco nos extraña que alguien diga que es dichosa aquella mujer que ha amamantaron a un Maestro como era Jesucristo. Pero eso, al contrario de lo que pudiera pensarse, hizo pensar al Hijo de Dios sobre eso mismo.

No es que Jesús no quisiera a su madre, la Madre. Lo que pasa es que sabe el Hijo de Dios que hay que hacer la voluntad del Todopoderoso. Y, por eso mismo, muestra, diciendo lo que dice, que su Madre es la primera que ha escuchado la Palabra de Dios y la ha guardado en su corazón.


JESÚS, ayúdanos a guardar la Palabra de Dios en nuestro corazón y hacerla efectiva en nuestra vida.

Eleuterio Fernández Guzmán


11 de octubre de 2017

Padre nuestro; Dios nuestro



Lc 11,1-4

Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ‘Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación’”.

COMENTARIO


Los apóstoles quieren orar. Bueno, lo que querían era orar como veían que lo hacía Jesús. Debían verlo tan concentrado en la oración que ellos no querían hacer menos que Él. Y por eso le piden que les enseñe a orar.

Jesús lo hace a su modo y manera: les enseña una oración sencilla. El caso es que tal oración es para dirigirse directamente a Dios, Padre de Cristo y Padre nuestro. Con la misma espera que comprendan que hablar con el Todopoderoso no es cosa imposible.

Esta oración que les enseña Jesús tiene todo lo que ha de tener una que sea agradable a los oídos del Padre: se le pide cosas que son intrínsecamente buenas para el hombre y, por eso mismo, es escuchada con gozo por el Creador. Y en cada una de las peticiones está puesto el corazón de Cristo… además.




JESÚS, nos enseñas una oración sencilla pero, a la vez, profunda. Ayúdanos a tenerla siempre presente en nuestra vida.

Eleuterio Fernández Guzmán








10 de octubre de 2017

Mejor es ser como María

Lc 10, 38-42

“En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.

COMENTARIO


Los ejemplos que nos pone el evangelio de hoy, los de las amigas de Jesús y hermanas de Lázaro, son buenos porque nos ponen sobre la mesa dos actitudes distintas que podemos ofrecer ante Dios mismo y ante su Hijo Jesucristo.

Podemos ser Marta o María porque, es bien cierto que podemos optar por la actitud de ayuda a los demás, al estilo de Marta o tener en cuenta, más, en nuestra vida, la fe y lo espiritual.

En realidad debemos ser, a la vez, Marta y María. Así, por un lado, optamos por ser las manos de quienes las necesiten y, de paso, no olvidamos que lo hacemos por fe y por querer al prójimo como a nosotros mismos. Y tal ha de ser nuestra forma de actuar: ser Marta y María.


JESÚS, ayúdanos a tenerte en cuenta en nuestra vida sin olvidar, para nada, las necesidades del prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de octubre de 2017

Lo que debemos hacer lo dice Cristo



Lc 10-25-37

“25 Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?’ 26 El le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’ 27 Respondió: = ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas = y con toda tu mente; = y a tu prójimo como a ti mismo.’ = 28 Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás.’ 29 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’

30 Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó
en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. 31 Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. 32 De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. 33 Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; 34 y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. 35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.” 36 ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’

37 El dijo: ‘El que practicó la misericordia con él.’ Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo.’


COMENTARIO

Podemos pensar que aquel hombre le pregunta a Jesús con intención, de verdad, de saber. Quiere conocer qué debe hacer para alcanzar la vida eterna. Y tal anhelo no era poca cosa sino, al contrario, muy mucho y muy mucho.

Jesucristo no le dice que, para alcanzar la vida eterna, deba hacer grandes cosas, grandes empresas emprender ni nada por el estilo. Simplemente pone ante la mesa la parábola del buen samaritano.

El buen samaritano es aquel que, de verdad, quiere alcanzar la vida eterna y es misericordioso con su prójimo aunque el mismo (y seguramente entonces más aún) no sea de su agrado. Auxilia a quien lo necesita sin mira cuáles son las circunstancias de su vida.


JESÚS,  ayúdanos a ser buenos samaritanos.


Eleuterio Fernández Guzmán


8 de octubre de 2017

Lo que Dios quiere para sus hijos

Mt 21, 33-43


“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: ‘Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. 

‘Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’. Dícenle: ‘A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo’. Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos’”.


COMENTARIO

Jesús sabía, lo mismo que aquellos que entonces le escuchaban, que el pueblo elegido por Dios que el Todopoderoso había suscitado profetas de entre sus hijos y que otros de sus hijos los habían matado porque no les gustaba nada de nada lo que ponía en su boca Dios mismo.

Cuando ellos escuchan aquellas palabras que, estamos más que seguros, no eran de su agrado, debieron enfadarse mucho con aquel Maestro que les echaba en cara lo que habían hecho sus padres. Y es que ignoraban que ellos harían lo mismo con el Hijo de Dios.

Eso le sirve a Jesucristo para mostrarse como la piedra que había sido desechada por los llamados arquitectos del pueblo judío. Ellos lo habían rechazado pero Dios lo iba a convertir en la piedra sobre la que se iba a construir su Iglesia.



JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de la santísima voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán



7 de octubre de 2017

La llena de Gracia

Lc, 1, 26-28


“26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.’”


COMENTARIO

El Ángel Gabriel, enviado de Dios a una aldea de Israel, debía estar algo nervioso. Y es que la misión que debía cumplir no es que fuera difícil sino que se le escapaba de las manos. Era la joven a la que se dirigía la que debía decidir.

Aquella joven, apenas poco más de diez años, era fiel a Dios Todopoderoso. Oraba con intensidad pidiendo la salvación del pueblo elegido por el Creador. Se entregaba, por eso mismo, a la oración con ansia y perseverancia. Ella esperaba…

Cuando Gabriel se le presenta en aquella casa de Nazaret debió encontrarla rezando. Lo que le dice no podemos pensar que no fuera recibido con extrañeza por María. Sin embargo, aquel “llena de gracia” era mucho y suponía más que mucho.


JESÚS, ayúdanos a amarte como te amaba tu Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de octubre de 2017

Escuchar a Cristo

Lc 10,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.


COMENTARIO


Jesús, mientras llevó una vida pública de predicación y, por tanto, de transmisión de la Palabra de Dios, hizo muchos milagros. Hechos extraordinarios jalonaron un caminar que hacía gozar a los que veían aquello que hacía. Pero no todos le creían.

Había muchos que, sin embargo, parecía no entender la misión que estaba cumpliendo el Maestro. No se arrepentían de sus pecados y, además, pretendían ser justos. Y Jesús sabe que tal no es, precisamente, la voluntad de Dios.

Jesús dice algo que es muy importante: escucharlo a Él es de una importancia tal que otra cosa mejor no hay. Hay que seguir lo que Cristo dice pues, siendo Dios hecho hombre, nada malo puede querer para nosotros. Y hacer otra cosa, además, tiene negativas consecuencias que no deberíamos olvidar.




JESÚS, quien a Ti te escucha hace lo propio con Dios. Ayúdanos a tenerte siempre presente en nuestro corazón y a acariciar tus palabras porque son Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de octubre de 2017

Todos han de conocer la Palabra de Dios

Lc 10,1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 

‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.


COMENTARIO


Jesús sabe que es muy importante que su labor evangelizadora se difunda allá por donde eso sea posible. Por eso escoge a setenta y dos discípulos y los envía predicar. Y les da las oportunas instrucciones a tal efecto.

No han de contar salvo que con la Palabra de Dios. Nada han de llevar consigo pues Dios ha de proveer para los trabajadores de su mies. Pero, a la vez, han de rogar a Dios para que envíe a más trabajadores a su mies porque es grande y ha de ser labrada con la savia de su Palabra.

No obliga, sin embargo, Jesús a aceptar la Palabra de Dios y su doctrina. El ser humano es libre. Sin embargo, no deja de reconocer que Dios es justo y que, cuando sea el momento oportuno, se apartará de los que antes se apartaron de Él.




JESÚS, quieres que todos conozcan la Palabra de Dios. Ayúdanos a ser modernos apóstoles tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán
  

4 de octubre de 2017

Seguir a Cristo sin mirar atrás

 Lc 9,57-62
En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas’. Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. A otro dijo: ‘Sígueme’. El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios’. También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa’. Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’.

COMENTARIO


Era cierto que seguir a Jesús tenía que hacerse de forma radical, de raíz. Pero era normal que aquellos que querían hacer eso no olvidaran, de golpe y porrazo, lo que había sido su vida hasta tal momento.

Jesús sabe a qué atenerse. Sabe que no es fácil seguirle porque, en realidad, no tiene nada. Nada de nada aunque sabe que sólo le basta el Amor del Padre y su santa voluntad.

El Hijo de Dios dice algo muy grave (para los oídos de según qué personas): hay que dejarlo todo, no mirar atrás… para seguirle. En realidad, se trata, de querer hacer eso, de cambiar el corazón y, para eso, deben cambiar muchas cosas.



JESÚS, quieres que te sigamos pero que lo hagamos con todas las consecuencias. Ayúdanos a hacer eso.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de octubre de 2017

Sobra la ira y la rabia

Lc 9,51-56

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.”


COMENTARIO


Jesús, a pesar de los intentos de Satanás (en boca de Pedro) para que evitar aquello que, por voluntad de Dios, debía sucederle, sabía que nada podía hacer para oponerse a la misma. En realidad, podía pero, como hijo fiel, no quería.

Jesús quiere ir a Jesuralén porque sabe que allí le darán muerte y que la misma será para bien de la humanidad. Y algunos de sus discípulos, que al parecer, no entendían lo que estaba pasando, manifiestan una ira y una rabia que no era la propia del Reino de  Dios.

Jesús no puede permitir que se utilice el poder de Dios para hacer daño. Él, portavoz de la paz verdadera no estaba dispuesto que en nombre del Creador se pudiera dañar al prójimo. Y los reprende.


JESÚS, algunos de los tuyos manifiesta una ira y una rabia que no puedes permitir. Ayúdanos a tener un corazón blando, limpio, puro jovial y no vengativo.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de octubre de 2017

Ser como niños


Lc 9,46-50

“En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: ‘El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor’.

Tomando Juan la palabra, dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros’. Pero Jesús le dijo: ‘No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros’”.



COMENTARIO

No es nada extraño (ni entonces ni ahora) que cuando hay posibilidad de ser el primero entre iguales, haya quien quiera ser primero entre iguales. Por eso alguno de los que seguía a Jesús más de cerca quería ser el primero, el mayor, el más importante.

Jesús, como tantas veces sucede, tiene una opinión muy distinta de aquellos que ansían el poder y ser los primeros. Y es que el Hijo de Dios sabe que lo que su Padre quiere no es, precisamente, lo que ellos entienden por poder.

El ejemplo del niño (al que da una importancia desusada en su tiempo) es claro: el corazón de un infante, aún no limitado por los egoísmos adultos, es un campo más que adecuado para sembrar el amor de Dios y para dirigirse al Padre. Y así deben ser los que le siguen.


JESÚS,  ayúdanos a ser como niños.


Eleuterio Fernández Guzmán


1 de octubre de 2017

Lo que Dios quiere para nosotros


Mt 21, 28-32

"En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes: '¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la  viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue.

'¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?'. 'El primero', le dicen. Díceles Jesús: 'En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él'".



COMENTARIO

Este texto del Evangelio nos muestra hasta qué punto podemos llegar a mentir a Dios. Y Jesucristo, como podemos imaginar, no quería que eso sucediera. Por eso pone sobre la mesa el caso de aquellos hijos que no querían, en el fondo, hacer lo que quería su padre.

Uno de ellos dice sí, pero luego es no; el otro, dice no pero, al final es sí. Por eso, Cristo pregunta sobre quién hace lo que debe hacer siendo, el segundo de ellos, quien ha hecho lo correcto. Se ha corregido, arrepentido.

Le sirve esto, al Hijo de Dios, para hablar de lo que, verdaderamente, importa que no es otra cosa que comprender la voluntad de Dios y creer que es verdadera y cierta para la vida de un hijo suyo. 



JESÚS, ayúdanos a aceptar lo que Dios quiere para nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de septiembre de 2017

Temer a la Verdad


Lc 9,43b-45

En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: ‘Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres’. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto”.


COMENTARIO

Dice este texto del evangelio de San Lucas que aquellos que veían a Jesús estaban maravillados de aquello que hacía. Todos aquellos estaban deslumbrados por el don de su palabra y por los hechos extraordinarios que llevaba a cabo.

Jesús, sin embargo, sabía que no toda iba a ser de color de rosa. Tendría que llegar el momento en el que su vida sería de poca importancia para muchos. Entregaría su vida y lo haría a manos de aquellos que tantos habían seguido. Tal era la verdad.

Aquellos que escuchaban lo que les decía acerca de su futuro tenían miedo. No entendían mucho de lo que les estaba diciendo y si, además, tenía que ser con su muerte… mucho menos. Temían a la verdad.






JESÚS, el miedo es algo natural en el hombre. Ayúdanos a no tenerlo cuando se refiera a Ti y a la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán