4 de febrero de 2012

Aprender de Cristo


Sábado IV del tiempo ordinario


Mc 6, 30-34

“En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.


COMENTARIO

Jesús quería enseñar a sus Apóstoles aparte del gentío que le seguía. Entre tanta gente es de imaginar que resultaba difícil, imposible, tratar de que conocieran mejor determinados pensamientos del Mesías.

No tenían tiempo ni para comer. El texto del evangelista Marcos nos muestra a un Jesús que no descansa y que se entrega a la misión que le fue encomendada por Dios. Sabe que tiene un tiempo limitado (la vida humana siempre lo es) y, por lo tanto, parece que le importaba poco comer a tiempo.

Jesús, a pesar del esfuerzo que hacía no descansando ni para comer, tenía, hacia sus semejantes, un amor grande y que no cesaba de manifestársele. Sabe que estaban como ovejas sin pastor y que, entonces, estaban perdidas en el mundo que les había tocado vivir. Y las llama... y ellas acuden ante su Buen Pastor.


JESÚS,  no descansabas porque sabías que era muy importante transmitir a los demás la sabiduría que encerraba tu corazón y que emanaba de tu boca. Sin embargo, nosotros, descasamos demasiadas veces de seguirte y te abandonamos.





Eleuterio Fernández Guzmán


No hay comentarios:

Publicar un comentario